En el corazón de Viena, una de las bibliotecas más hermosas del mundo conserva el esplendor de los Habsburgo. Un palacio de conocimiento donde los libros fueron, durante siglos, otra forma de demostrar el poder de un imperio.
Durante siglos, el poder de los imperios se midió por sus ejércitos, sus palacios, sus territorios conquistados… y también por sus bibliotecas.
Porque reunir libros no significaba solamente conservar conocimiento. Era una manera de demostrar riqueza, influencia y prestigio. Los grandes monarcas europeos comprendieron que una colección de manuscritos, mapas y obras científicas podía resultar tan valiosa para la posteridad como una corona o una colección de joyas.
En Viena, los Habsburgo llevaron esa idea a una de sus expresiones más extraordinarias.
La Sala de Gala (Prunksaal) de la Biblioteca Nacional de Austria (Österreichische Nationalbibliothek) fue concebida en el siglo XVIII por orden del emperador Carlos VI, quien quiso dotar a su corte de una biblioteca digna de la grandeza imperial.
El resultado fue una obra maestra del barroco europeo.
Integrada al complejo del Palacio Imperial de Hofburg, la sala fue diseñada por el arquitecto Johann Bernhard Fischer von Erlach, y su construcción fue continuada por su hijo, Joseph Emanuel, durante la década de 1720.
El espacio impresiona desde el primer instante.
Una galería monumental de casi ochenta metros de longitud se extiende bajo una espectacular cúpula que alcanza aproximadamente treinta metros de altura. A ambos lados, enormes bibliotecas de madera oscura se elevan hacia el techo, interrumpidas por columnas de mármol, esculturas y balcones que parecen pertenecer más a un palacio que a una institución dedicada a los libros.
Sobre las cabezas de los visitantes, los frescos del pintor austríaco Daniel Gran despliegan un universo de figuras mitológicas y alegorías que celebran el conocimiento, las artes y las virtudes del emperador.
En el centro de la sala, una estatua de Carlos VI recuerda quién hizo posible aquella monumental construcción.
Pero el verdadero tesoro no está en el mármol ni en el oro.
Está en los libros.
La Prunksaal conserva alrededor de 200.000 volúmenes históricos, publicados principalmente entre los siglos XVI y XIX. Sus estanterías reúnen obras de historia, filosofía, ciencias, teología, geografía y literatura, testimonio de una época en la que el conocimiento circulaba lentamente entre monasterios, universidades y cortes europeas.
Entre sus colecciones más notables se encuentra la biblioteca del príncipe Eugenio de Saboya, uno de los grandes militares y coleccionistas de su tiempo, cuyos miles de volúmenes pasaron a enriquecer los fondos imperiales.
También forman parte de su patrimonio dos extraordinarios globos barrocos realizados por el cartógrafo veneciano Vincenzo Coronelli, representaciones de la Tierra y del cielo que recuerdan una época en la que explorar el mundo y comprender el universo eran ambiciones inseparables.
Y, sin embargo, más allá de su riqueza histórica, lo que convierte a esta biblioteca en un lugar inolvidable es su atmósfera.
La luz que atraviesa los altos ventanales se desliza sobre los lomos de cuero, ilumina las molduras doradas y descubre detalles que parecen haber permanecido intactos durante tres siglos.
El visitante avanza lentamente, casi por instinto. Hay demasiado para observar y una extraña sensación de que el tiempo transcurre de otra manera entre aquellas paredes.
A diferencia de las bibliotecas contemporáneas, concebidas principalmente como espacios de consulta y estudio, la Sala de Gala es hoy un monumento histórico abierto al público. Sus libros forman parte de un patrimonio que permite comprender la relación entre cultura, conocimiento y poder en la Europa imperial.
Afuera, Viena continúa con su ritmo elegante. Los tranvías atraviesan las avenidas, los cafés reciben a sus visitantes y los antiguos palacios siguen contando la historia de una ciudad que alguna vez fue capital de uno de los mayores imperios europeos.
Pero aquí dentro, entre miles de páginas encuadernadas, sobrevive otra forma de grandeza.
La de quienes comprendieron que el conocimiento también podía convertirse en un legado.
Porque las coronas cambian de dueño, los imperios desaparecen y los palacios terminan convertidos en museos.
Los libros, en cambio, siguen contando sus historias.
Y quizá por eso, en la Biblioteca Nacional de Austria, las verdaderas joyas imperiales nunca estuvieron guardadas en vitrinas.
Siempre estuvieron en los estantes.
LA LIBRETA DEL VIAJERO
– DONDE ESTÁ?
En el complejo del Palacio Imperial de Hofburg, en el centro histórico de Viena. El acceso a la Sala de Gala se encuentra en Josefsplatz, una de las plazas más elegantes de la ciudad.
– CUÁNDO IR
Puede visitarse durante todo el año. Las primeras horas de apertura suelen resultar especialmente agradables para contemplar la arquitectura y fotografiar los interiores con mayor tranquilidad.
– QUÉ VISITAR
La Sala de Gala (Prunksaal) es el principal atractivo arquitectónico. Merece especial atención la cúpula decorada por Daniel Gran, las bibliotecas barrocas, los globos de Coronelli y la colección histórica del príncipe Eugenio de Saboya.
– CUÁNTO TIEMPO DEDICARLE
Entre 45 minutos y una hora suele ser suficiente para recorrerla tranquilamente, aunque los amantes de la arquitectura, la historia y los libros probablemente quieran permanecer más tiempo.
Consejo Travel Magazine
Combinar la visita con un recorrido por el Palacio de Hofburg, la plaza Michaelerplatz y los cafés históricos del centro de Viena. Es una excelente manera de descubrir la herencia cultural de la antigua capital imperial.
Sitio oficial: www.onb.ac.at

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